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Domingo Di Lorenzo, Venezuela



“No pregunté o no fui informado acerca de los riesgos que implica una cirugía de colon para los huesos”. Optimismo inigualable y una sonrisa cálida caracterizan a Domingo Di Lorenzo. Es venezolano, descendiente de italianos, y se dedicaba a realizar trabajos de mecánica y reparación. Domingo tiene 77 años y, a los 65, comenzó a sufrir fracturas de vértebras, ocasionadas por la osteoporosis.

“A los 40 años, me extirparon el colon, debido a una diverticulosis. Desde entonces, no volví a ingerir leche ni queso, por temor a sufrir diarrea. Tampoco me dijeron que debía tomar comprimidos de calcio. El intestino funcionaba bien, y los médicos y yo estábamos muy conformes. Continué trabajando con el mismo ímpetu de siempre, porque me gustaba mucho mi trabajo. Incluso solía ir de caza, a pesar de la colostomía”. 

“Sufrí la primera fractura a los 65 años. Desde entonces, he tenido varias fracturas, pero no me producían demasiado dolor. Noté una pequeña joroba y advertí que mi altura había disminuido, pero no me preocupé, porque no tenía dolor. Nunca creí que tenía osteoporosis. En realidad, no sabía nada acerca de esa enfermedad, y los médicos nunca la mencionaron. Recién en 1997, me derivaron a un centro especializado”. 

Domingo sufre osteoporosis secundaria, originada por una cirugía en el aparato digestivo y por déficit crónico de calcio. Refleja la falta de información acerca de la osteoporosis entre los pacientes y los médicos. Asimismo, su ejemplo es una prueba clara de la elevada ocurrencia de nuevas fracturas luego de la primera fractura. En la actualidad, Domingo tiene cinco fracturas de vértebra. Su historia también refleja una típica actitud masculina, la renuencia a buscar apoyo médico ante los cambios en la salud. Muy a menudo, los hombres sólo recurren al apoyo médico cuando el daño ya es grave. 

“En la actualidad, Domingo debe hacer frente a muchas limitaciones, debido a la grave deformidad vertebral”, explica el profesor Gregorio Riera Espinoza. “Además, tuvo un aneurisma de la arteria poplítea, con obstrucción vascular. Lamentablemente, hace 18 meses, dicho estado condujo a la amputación, por debajo de la rodilla, de la pierna izquierda. Sin embargo, este hombre aún muestra entusiasmo y una sonrisa afectuosa y sumisa frente a la vida. Gran parte de su desgracia fue ocasionada tanto por la sociedad como por nosotros, los médicos. Esto se lo debemos a Domingo Di Lorenzo”.

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